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La Coctelera
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Conoce a Ginayra

Ginayra Alvarado

Tiene 23 años. Obtuvo su bachillerato en Periodismo y Telecomunicaciones en la Universidad del Sagrado Corazón, en Puerto Rico. Actualmente cursa su maestría en Periodismo Investigativo en la Universidad Internacional de la Florida. Le apasiona el medio de la televisión tanto como la prensa escrita. Aspira a desarrollarse en ambos medios y eventualmente desea estudiar Derecho y especializarse en leyes de la comunicación. http://www.loquenoshatocado.blogspot.com/

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Conoce a Lorraine

Lorraine Cáceres

Bachillerato en Comunicaciones y Negocios Internacionales de Manhattanville College en Nueva York. He trabajado en las cadenas ABC y Telemundo en los Estados Unidos y en El Caribe y CDN en la Republica Dominicana. Actualmente soy estudiante de maestría en periodismo en FIU. Vice-Presidenta del capítulo estudiantil de FIU.

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Conoce a Gabriela

Gabriela Vélez-Stanelis

Obtuvo el título de abogada en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) Corrientes, Argentina, pero su pasión por los medios de comunicación pudieron mas. Trabajó como locutora en diversas radios de su país, y cuando se mudó a los Estados Unidos (Massachussets) hace siete años, ingresó como voluntaria a un canal comunitario de TV. Allí aprendió producción en TV, y pronto logró reclutar a personas para la creación de un programa semanal de noticias en español. Tal experiencia tuvo sus frutos, ya que le ofrecieron la posición de reportera en WUNI, filial de Univision en Boston, donde trabajo por más dos años. Cubrió la Convención Demócrata del 2004, el caso de las elecciones de Puerto Rico del 2004, llevado a la Corte de Apelación en Boston, reportaje difundido en la cadena CNN y Univision Network. Actualmente, Gabriela vive en Miami a fin de obtener su Master en Periodismo en la Universidad de FIU. Su sueño es lograr convertirse en una mejor comunicadora de radio o televisión para las grandes cadenas hispanas.

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Reflejo de una realidad

Por: Gabriela Stanelis

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Virginia Key

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Reencarnación laboral

Por Héctor Manuel Castro

El sol entró por mi ventana a eso de las 6 de la mañana. La noche anterior había cometido el grave error de bajar las cortinas de mi cuarto y lavarlas, por lo que tuve que soportar los fuertes rayos de luz sobre mi cara llena de lagañas.
Mi cuarto estaba totalmente iluminado gracias a mi estupidez. La única manera en la que soy capaz de dormir es cuando la oscuridad gobierna mi espacio. Yo no soy una de esas personas que extrañan la cama, mucho menos la almohada, o la novia, no; lo único que necesito para conciliar mi sueño es oscuridad, pero esa mañana el clima de Miami conspiraba para que me levantara más temprano de lo habitual.
Sin pensarlo mucho, salí de mi cama enfurecido conmigo mismo, e intenté colgar de nuevo las cortinas, pero aún permanecían mojadas y arrugadas.
Fui a la cocina, abrí la nevera y quise tomarme un jugo, pero desde que mi novia está fuera de la ciudad he olvidado ir al supermercado, así que lo único que quedaba dentro del refri, era hielo, unas cuantas papas, salsa de tomate y dos zanahorias.
Como todo un sobreviviente de mi locura, pelé una zanahoria y me la comí con salsa de tomate.
Luego me metí al baño por media hora y comprobé que la salsa de tomate no se debe mezclar con las hortalizas viejas. Me bañé al ritmo de mis notas desafinadas, y después me fui a mi cuarto a vestirme. Estaba contento porque estrenaría una hermosa corbata verde que me había traído una amiga desde Holanda, la que además me regaló unos calzoncillos tanga de color rojo.
Solamente me estrené la corbata, ya que cuando me medí las tangas me di cuenta que mis nalgas necesitan protección, además no soporto nada dentro de mi trasero. En fin, la corbata estaba linda.
Salí de mi casa rumbo al canal de televisión donde trabajo. Eran las 7 de la mañana cuando arribé a mi oficina. Por un momento pensé que sería el primero en llegar, pero no fue asi.
Cuando entré, estaba el director de noticias sentado en su oficina con cara de funeral.
- Buenos días-, manifesté a mi jefe, mientras modelaba mi corbata nueva
- Hola Héctor-, me contestó como si le pesara la lengua.
Inmediatamente sospeché que al tipo como mínimo lo habían echado de su casa, ya que su cara de trasnocho y su pelo alborotado daban la certera impresión que algo malo pasaba en su vida.
Pese a que yo había madrugado demasiado y saboreado el amargo desenlace de “mi desayuno”, algo me llenaba de energía y positivismo. Esa mañana mi espíritu estaba tan tranquilo, que la larga cara de mi jefe era un antónimo irrefutable de mi vitalidad y alegría.
Uno a uno, todos los empleados del canal fueron llegando. Buenos días por aquí, holas por allá, besos por aquí, saludos por allá; pero el jefe seguía con cara de muerto y optaba por guardar un férreo silencio sepulcral.
8:01 am. Suena mi teléfono. Es uno de los editores de noticias, con el que he hecho muy buena amistad. Me dice con voz de ultratumba
- Héctor, ¿escuchaste el rumor?-
- ¿Cuál rumor?-
- Parece que hoy harán un recorte de personal. No sabemos a cuantos despedirán-.
En ese momento siento que la zanahoria que me comí en la mañana comienza a hacer de las suyas. Le respondo que no había escuchado nada, y le doy ánimos diciéndole que él es un gran editor y la empresa no querrá perderlo.

El nudo de la corbata comienza a apretarme el pescuezo, por lo que lo aflojo un poco y respiro profundamente, agradeciendo no tener la tanga puesta pues ya me la hubiera comido de los nervios.
De un momento a otro, el jefe llama a su oficina a uno de los periodistas del canal. La puerta se cierra por unos minutos y luego el pobre reportero sale con los ojos rojos, y nos dice a todos: “¡Me echaron!”
El pánico se apodera de la sala de redacción. El ambiente se torna inseguro, se paraliza el tiempo y con él mis actividades.
Uno a uno, el malvado jefe va llamando a muchos de los presentes.
Todos salen de su oficina con la expresión de angustia en sus rostros. Unos lloran, otros más tranquilos maldicen su suerte, y otros no lo pueden creer. Rezo hasta las oraciones que no me se, pidiendo que el momento de mi muerte laboral no me alcance. Suenan las trompetas, el Apocalipsis de mi jornada ha llegado, y con él, el sonido de mi nombre proveniente de los verdugos labios del jefe.
Camino hacia su oficina como si caminara hacia el lugar donde voy a ser ejecutado. En la mitad del salón una horca espera por mi cabeza. El jefe me amarra la corbata verde alrededor del cuello y palmoteando mi espalda me arroja al vacío del desempleo, argumentando problemas con la industria de la televisión a nivel nacional.
Ha sido una masacre laboral. 38 empleados despedidos.
Más tarde me doy cuenta que otras cadenas de televisión han hecho lo mismo ese día. Un total de 200 personas han quedado por fuera de la industria de la televisión, debido a la crísis económica actual.
Decido salir a tomar aire, pero me entra el hambre y mejor voy a la cafetería a saborear mi última cena. Allí me encuentro al director de la página de internet del canal, quien ya es sabedor de mi suerte.

-Que linda corbata-, me dice. Yo le lanzo una sonrisa fingida e intento no entrar en detalles.
-Héctor he escuchado lo que ha pasado y quiero hablar contigo-.
Sin imaginármelo me ofrece trabajo escribiendo la página web del canal.
- Puedes comenzar mañana si quieres-, finaliza.
Agradeciendo al cielo por este milagro, regreso a la funeraria de redacción, queriendo abrazar a todos, pero al ver las caras largas de mis colegas opto por controlarme.
Decido tomarme la tarde libre, y salir a comer. Luego voy al supermercado y abastezco mi nevera, y finalmente seco las cortinas y las cuelgo de nuevo, pues debo dormir bien ya que mañana comienzo mi nuevo trabajo.

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El arrepentimiento siempre llega tarde

Por Héctor Manuel Castro

A sus 82 años, doña Fabiola Herrera está postrada en su cama, una osteoporosis senil la ha imposibilitado de tal manera que no puede moverse sin dolor. La enfermedad también se ha apoderado de sus ojos, produciendo la pérdida casi total de su visión. Sus articulaciones ya no responden a las órdenes de su cerebro. Pero para ella, lo que verdaderamente atormenta sus días no son las dolencias de su cuerpo, lo que más le duele es saber que su hijo Andrés, está acabando la vida encerrado en una cárcel de Miami, juzgado por tráfico de drogas.

De sus inservibles ojos, comienza a emanar llanto, y con dificultad aprieta el pañuelo que tiene en su mano izquierda y como puede se seca las lágrimas.

-La última vez que lo ví fue hace 8 meses, cuando cumplió sus 50 años. Me acuerdo que fuimos todos a visitarlo y le cantamos. Ese día me abrazó y me pidió perdón. Mi muchacho no merece vivir así-, y nuevamente comienza a llorar.

Doña Fabiola acepta su culpabilidad en la situación que padece su hijo Andrés, y se muestra totalmente arrepentida por nunca haberle aconsejado que dejara de trabajar de manera ilegal.

-Yo pienso que si le hubiera hablado a tiempo, él de pronto me hubiera hecho caso y hoy no estaría encerrado, pero es que yo me fui acostumbrando a los viajes por el mundo, a vivir en una mejor casa, a pasear. Soy la culpable directa de lo que ha pasado, y no tengo perdón divino-, manifiesta ella con una mueca de dolor que sale de su alma.

NO ME ARREPIENTO DE MIS ACTOS, PERO SI DE MIS ERRORES

A diferencia de su madre, Andrés no guarda remordimiento alguno por la manera en que vivió su vida. Desde muy joven comenzó a trabajar en el ilícito negocio del narcotráfico, llegándose a convertir con el paso de los años en un reconocido jefe de las drogas en Colombia. Por allá en la década de los 80’s, se asoció con importantes capos colombianos con quienes construyó un incalculable emporio económico.

-Yo los conocí a todos, a Pablo, a Lehder, al mexicano, a los Ochoa, a todos-, comenta Andrés, recordando a los principales jefes del narcotráfico, mientras se organiza la solapa de su uniforme caqui claro, que lo distingue como un interno más, en medio de los visitantes al centro penitenciario.

La industria del narcotráfico en Colombia, se remonta a principios de la década de los 70, cuando un grupo de traficantes comienza a enviar pasta de coca hacia Los Estados Unidos, y funda el Cartel de Medellín, principal organismo de la mafia colombiana.

El Cartel de Medellín, se afianza como una exitosa organización delincuencial, generando en sus comienzos un ingreso mensual de 60 millones de dólares, y creando una economía ficticia a lo largo y ancho del territorio nacional. Miles de personas se enriquecen ilícitamente, y la lucha del gobierno para contrarrestarlo, inicia una macabra época denominada narcoterrorismo.

Andrés es uno de los escritores de este cruel capítulo en la historia de una desangrada patria, pero ahora, encerrado en una celda, lo único que dice lamentar es la confianza que depositó en algunas personas.

-Mirá, yo se que cometí graves errores, y por eso estoy aquí pagando las consecuencias, pero no te alcanzas a imaginar cómo me duele que me hayan traicionado-, e inmediatamente su pálido rostro se torna rojizo, sus ojos se llenan de rabia, y con el puño cerrado golpea la mesa.

-Me arrepiento de haber confiado-, dice el hombre hablando entre dientes.

Y es que Andrés es un hombre conciente de su situación, que acepta con calma la larga sentencia que aún tiene por delante, asumiendo con valentía la soledad en que se encuentra sumergido, el olvido de aquellos que él ama, el desprecio de quienes aún lo recuerdan, y el odio de muchos otros que lo culpan del presente de su país.

-Un juez me sentenció a 25 años de cárcel. Al principio pensé que no iba a ser capaz de soportar mi condena, pero ya ves, he pagado 12 años y aquí sigo en pie, dispuesto a finalizar lo que me queda como todo un varón-, añade.

Andrés conoce la situación en la que se encuentra su mamá, y con dolor acepta que probablemente nunca la volverá a ver de nuevo, ya que debido a su delito, no goza de ninguna inmunidad de rebaja de penas.

- Mi mamá se me va a morir en cualquier momento, y ahora que está tan malita me duele aceptar que no puedo verla más- respira profundamente, -pero así es esta vida y que le vamos a hacer-, dice sacando fuerzas de donde no las tiene, y por primera vez sus ojos se llenan de lágrimas.

-Y todo por culpa de mi cuñado que me vendió-, aduce con ira.

El hermano de su esposa, trabajaba junto a él en el próspero negocio ilícito de la familia. La cercanía de los dos hombres, conspiraba para que la confianza fuera determinante en la turbia empresa, y en cuestión de un par de años, ambos poseían enormes cuentas bancarias en el exterior, múltiples activos por doquier, e ilimitados lujos que rayaban en lo absurdo.

-Yo confié plenamente en ese miserable, pero él nunca quiso aceptar que yo era el jefe y por lo tanto tenía que obedecerme-, recuerda Andrés, -sin embargo, yo lo prefería, le enseñé muchas cosas para sobrevivir en este campo, lo protegí y le di una posición importante. Lo hice respetar-, comenta.

La fiel amistad que Andrés y su cuñado se profesaban, se desarticuló una mañana de abril de 1996, cuando las autoridades norteamericanas mediante un impecable operativo, capturaron a Andrés en una hacienda en las afueras de Boca Ratón, Florida. En su poder tenía una serie de expedientes que lo vinculaban con el tráfico de sustancias alucinógenas, y con el Cartel de Medellín.

-El único que sabía de mis movimientos era él. Sin escrúpulos me vendió para apoderarse de los negocios. Tuve confirmación años después de la traición efectuada-, dice Andrés, quien por primera vez permanece tranquilo al referirse al traidor. –Yo pude haber contado muchas cosas aquí adentro, y muchos se hubieran perjudicado, incluyéndolo a él, pero yo no soy esa clase de persona. Un hombre de verdad acepta sus errores-.

A pesar de la eterna condena que Andrés ha pagado, y de los tormentosos años que aún le quedan, el arrepentimiento por sus acciones pasadas no hace parte de sus palabras, como se pudiera esperar. Lo que si queda claro es el dolor por la traición perpetrada por su hombre de confianza.

UN SOLO DESEO: VENGANZA

-Sólo le pido a mi Dios que no me deje morir en ésta cárcel, que me permita salir al menos media horita, para visitar a mi madre o a su tumba, y para saldar cuentas pendientes con el culpable de mi desventura-, comenta al momento en que una alarma suena fuerte, indicanco que la hora de las visitas ha concluído.

Andrés, finge una sonrisa y se despide. Sin prisa comienza a adentrarse al recinto donde debe permanecer durante otros 13 años de su vida, y en el que tendrá que padecer la inevitable muerte de su madre, el deterioro de su cuerpo, y el paso del tiempo que se hace tan largo y doloroso como el que lleva en su alma. El dolor de una traición y la sed de su venganza.

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Naciones unidas por Obama

 

Noviembre 6, 2008

Por: Ada Álvarez, Lorraine Cáceres e Idalis Camacho

9:26pm- Barack Obama con 195 colegios electorales y John McCain con 76. Se necesitan 270 para ganar la presidencia. Gran ventaja. Los ánimos y los gritos se intensificaban. Los que veían atentos a las pantallas del televisor que daban números y análisis, a su vez hablaban de oído a oído. Disimulaban el ruido hablando de proyecciones que esta marcada diferencia hacia a favor de su candidato Barack Obama.

"Es increíble, cuánto la gente quiere un cambio. Si ganamos Florida tenemos 29 delegados necesarios", dijo Greg Berlin de ascendencia alemana y Presidente de los comités de campaña de Miami Dade.  Hay una pausa. "¡Ganamos Ohio!". A lo que una mujer, con mahones y una camisa blanca porta más de 20 botones con la cara o el nombre de Obama. Delores Qint, de padres haitianos y residente de Miami comenzó a gritar: "¡Esto es tan emocionante!" La mujer de 49 años nunca había estado interesada en la política. No sólo votó por primera vez, sino que fue una voluntaria para la campaña de Obama. Ofreció su carro para llevar a votantes y fue a "Little Haiti" para hablar con los votantes en Creóle. Además dijo: "cuando gane Obama, no sé qué haga, muy emocionante, sin palabras, una victoria para el país y el mundo, sobre todo es un triunfo para mi raza, que ha pasado mucho", comentario al que Anthony, relacionador público de 49 años y de ascendencia irlandesa, oye mientras pasa por nuestro frente y responde con una sonrisa gritando con emoción: "¡Llegó el cambio!

Jacob Parker, está corriendo para una posición en el Parlamento de Dinamarca. Llegó hace una semana para participar, junto con nueve estudiantes, en la campaña de Obama en Florida. Decidió hace un año que éste era el Estado ideal para esta experiencia porque considera que "fue determinante para las elecciones pasadas". Ellos se costearon los gastos.  Parker dijo: "vine porque considero que Obama hará que el mundo en general sea un mejor lugar para vivir y de seguro creo que representa a la juventud por las propuestas que tiene para hacer las universidades más factibles. Además, el próximo Presidente de Estados Unidos es crucial para Europa en general. Quería hacer todo lo posible por aportar mi granito de arena y así presenciar en vivo cómo se hace historia".

10:17pm- Barack Obama con 200 colegios electorales y John McCain con 124. Sigue en la delantera aunque McCain se acerca teniendo a Texas a su favor. Tres reporteras de Voice of America con pequeños artefactos y un micrófono reportan en francés, alemán y ruso. La que habla francés agarra el micrófono y comenienza a decir: "Obama está adelante, estamos esperando los resultados de Florida, le dejaremos saber brevemente". Gritos de alegría salpican el lugar que a esa hora cuenta con unas 800 personas. Voces a coro repiten: "ganó Colorado". Cambian los números: Obama 207- McCain 135. En eso, Antonio Ruberti, de 50 años, inmigrante italiano y voluntario aunque no pudo votar, pregunta "¿me explican lo de los números?". Mientras, Mario Ojialtri, colombiano de 55 años, ondea la bandera americana celebrando lo que él cataloga como "una victoria que se ve venir". Al igual que Antonio, Mario no puede votar pero se ve motivado a mostrar su apoyo por un candidato que ha roto barreras raciales que pasarán a la historia. Con planes de ser ciudadano muy pronto, el futuro incierto del seguro social y los planes de retiro le preocupan. "Nunca he votado en este país pero Obama me ha dado esperanza de que no todo esta perdido. Lo apoyo con mi presencia porque me uno a su causa."

Una breve pausa comercial en los televisores, le da la oportunidad a un hombre con un cartel de "Hispanos por Obama" a tomar el micrófono y dirigirse al público. "Los hispanos cuentan y fueron muy importantes. Hasta ahora, los hispanos votaron 55% a favor de Obama". A lo que gente corea "Sí se puede". Muchos están ansiosos, sentados en un semi-circulo frente a los 6 televisores del salón. Blancos, negros, hispanos, mujeres, hombres, niños, ancianos, extranjeros y todas las camisas y botones imaginables. Scott Siegel, quien es parte del comité de finanzas de Obama, también estuvo presente. "Quiero que Obama gane en Florida. Es la primera vez desde Kennedy que veo tanto entusiasmo en una campaña presidencial. Gracias a él mucha gente se movilizó a participar en las elecciones. Cuando Obama anunció su deseo de correr para presidente lloré de emoción, y desde entonces lo he apoyado", dijo.

11:00pm- Se cuentan los estados del Oeste- Un grito singular se esparce por todo el salón que brinca y salta con una emoción que para pelos y saca lágrimas de algunos presentes que no lo pueden creer mientras que otros se abrazan y levantan sus manos en oración.. Obama gana. Al momento 288 para Obama y McCain con 156. Barack Obama hace historia, el primer Presidente Afro-Americano electo por los Estados Unidos. La contienda de dos años finaliza oficialmente mientras que el ruido producido por el júbilo se reproduce por más de ocho minutos esta vez vociferando a todo pulmón "Yes we did!". Muchos comienzan a abrazarse a los que algunos lloran y levantan sus manos, en oración. En el tercer piso del "Parrot Jungle" en Miami, personas con intereses, preocupaciones, edades, sexos y nacionalidades diferentes se unieron con una cosa en común: la fe en el mensaje que les diera su candidato electo, Barack Obama, de perseverancia, esperanza, cambio y triunfo.

11:10pm- Comienza la música y la fiesta.