Por Andrés Rodríguez
Es fácil olvidar, incluso para un periodista, cuáles son los compromisos que conlleva ejercer una profesión. Sería bueno tal vez hacer apuntes de aquello por lo cual el periodista debe pelear; como escribir las palabras esperanza y cambio en la palma de la mano de un presidente para jamás olvidar hacia donde se gobierna o curar sin discriminar debería ser para el médico.
Que deberá entonces recordar el periodista escribir en su mano cuando el horizonte entre la ética y la obligación parezca desaparecer? Dan Rather vertió cúmulos de interrogantes en quienes escucharon su oratoria sobre lo que ha olvidado el periodista al entender su profesión.
La memoria (historia) y los procesos democráticos son la columna vertebral del sistema de flujo informativo de la que el periodismo hace parte vital. Se hace nuestra responsabilidad el escrutinio y la vigilancia de ese sistema mediante nuestras investigaciones. De esa manera el periodista evita que se corrompa y afecte la comunidad.
La comodidad de la protección de la fuente no debe ser excusa para producir verdades aparentes. El periodista debe tener presente como una sirena roja que ulula en nuestras mentes, que es su responsabilidad poner en completa claridad las situaciones, participantes y demás elementos del proceso de gobierno, ya que este tiene la capacidad de fabricar su propia reputación.
Si el periodismo no encuentra su hado en cada palabra que transmite, reportaje que publica o imagen que enseña a las comunidades; nuestras cámaras, micrófonos y tecnología solo serán amplificadores de nuestras falsedades. Dentro del mundo gubernamental el periodismo es el sucedáneo del ciudadano y en sus derechos encontramos nuestra obligación de informarlo.
La restricción a la información de consulta en internet es solo un pálido esfuerzo de lo que el reportero puede usar para potencializar las herramientas que ofrece la web. Si no superamos el facilismo tentativo de la información evidente, nos hacemos objetivo fácil de quienes deslegitiman al periodismo como herramienta democrática.
Nuestra responsabilidad como periodistas, como resume Dan Rather, es responder en tanta o mayor concordancia y ética a como nuestras palabras nos obliguen.

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